viernes, 29 de junio de 2012

RECORDAR PARA INDUCIR LA DESMEMORIA

No siempre que recordamos una etapa de la historia, un hecho, o algún acontecimiento, contribuimos a la memoria, con frecuencia recordar permite ocultar otros hechos, acontecimientos o personas que fueron relevantes, pero que no se quiere reconocer por alguna razón sólo conocida por los falsificadores de historias. Como en otras ocasiones la historia se repite.

 Con motivo de otro aniversario de la obtención de la titularidad del Contrato Colectivo de Trabajo por parte del Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad de Sonora (STAUS), la dirección sindical ha publicado un cartel para recordar ese memorable acontecimiento. Sin demeritar el intento cabe efectuar varias consideraciones.

 En un cuadro de la parte inferior derecha del cartel aparecen las fotos de los secretarios generales del STAUS, como si la obtención de la titularidad del Contrato Colectivo de Trabajo (CCT) hubiera sido obra individual de todos esos dirigentes, en un claro acto de reproducción de la práctica del presidencialismo que priva en el país, pero en miniatura.

 Las fotos no guardan relación con el hecho que se conmemora: la obtención del Contrato Colectivo de Trabajo en 1984, pues aparece allí un secretario general que en esa época era estudiante y andaba metido en asuntos de índole no laboral, y otro que no lo recuerdo como miembro del STAUS en ese tiempo.

 Pareciera que todos los secretarios, y nada más ellos, participaron en esa fundacional etapa de la historia del sindicato, sin tomar en cuenta que en ese tiempo algunos de ellos formaban parte de la administración universitaria y, por lo menos uno de esos secretarios actuaba contra los intereses del STAUS.

 El cartel no recuerda que cuando se ganó la titularidad, el local del STAUS era el cubículo de un profesor que no es mencionado por desmemoria y envidia de algunos miembros de las direcciones sindicales posteriores, no obstante haber sido el principal organizador del sindicato, quien elaboraba el material de argumentación, discusión y difusión de las políticas del gremio en ciernes, además de dar la cara en cuanto espacio de discusión y defensa de los intereses del sindicato se abría; todo esto con perdón del secretario general de entonces, quien seguramente reconocerá la veracidad de mi afirmación.

Menos se recuerda que el vehículo del sindicato era el vochito del mismo profesor. Menciono esto porque muchos dirigentes de ahora no se mueven si la Institución no les proporciona un auto o el sindicato no les renta uno.

 Tampoco se recuerdan los servicios prestados por una secretaria -que todavía labora en el STAUS- realizados muchas veces por pura solidaridad; ella se cuenta entre el personal administrativo que labora en el sindicato, al cual un personero del actual comité ejecutivo propuso despedir, no hace más de dos años, con el argumento de que, por estar afiliados al STEUS, no prestaban su servicio cuando ese sindicato medio hermano realiza alguna huelga.

 Si hubo quienes no participaron en ese acontecimiento ¿por qué incluir sus fotos? Darse un lugar en una historia donde no se participó se equipara a excluir a quien sí lo hizo, porque en ambos casos se falsifica la historia.

Y por último, en 1982 el STAUS era una opción entre otras, asumida por razones de economía y ahorro de tiempo. Nada más para distinguir lo relevante de lo secundario cabe agregar el siguiente dato: el día 6 de junio de 1984 se realizó el recuento –en Hermosillo- para decidir si la mayoría correspondía al sindicato blanco SEMUS o al emergente STAUS. Esta es la fecha a celebrar, pues es el día en que el STAUS le arrebató la titularidad del contrato colectivo de trabajo al SEMUS, tres semanas después se dictó el laudo, cuestión que a mi juicio reviste menor importancia.

 Por cierto, algunos irritados miembros del SEMUS pegaron cartelitos con llamados como el siguiente: “REIVINDICA A LA UNISON VOTA CONTRA EL STAUS”, y ahora alguno de ellos es un furibundo miembro del STAUS, dispuesto a abuchear y mandar callar a todo aquel profesor que se atreve a expresar sus reflexiones de manera diferente a la suya.

 Para recordar la obtención de la titularidad del Contrato Colectivo de Trabajo por el STAUS va una sola foto –aunque tengo muchas más-, en ella aparece el físico Arnulfo Castellanos Moreno, Secretario de Prensa y Propaganda del STAUS, fue tomada el día 6 de junio durante el recuento en que se le ganó la titularidad al sindicato blanco SEMUS, en el gimnasio universitario.

sábado, 18 de junio de 2011

Vapulean a seudohistoriador

En esta entrada publico textual el artículo que aparece enseguida; está firmado por su autor: el Maestro Ramón Santoyo Durán, un distinguido catedrático, en donde refuta a uno de esos personajes de la era de los dinosaurios que todavía deambulan por el fango de los pantanos periodísticos.

LOS COMENTARIOS DE CARLOS MONCADA OCHOA SOBRE LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO “MEMORIAS DE UN DIARIO ANÓNIMO GUAYMAS 1802-1919”

Por Ramón Santoyo Durán

Es muy saludable y, sin duda necesaria, la participación de los comunicadores de los diversos medios en el análisis, la crítica y comentarios con respecto a cualquier problemática social o evento de diversa índole. Son un factor determinante, ya que a través de su mensaje, orientan de manera positiva a sus lectores. Pero cuando el periodista presenta los hechos deformándolos intencionalmente incurre en lo que se conoce popularmente como “verdad a medias”.

Expreso lo anterior, para referirme a los comentarios que el señor Carlos Moncada Ochoa hizo sobre la presentación del libro “MEMORIAS DE UN DIARIO ANÓNIMO Guaymas 1802-1919 compilado por el Ing. Mauro Esteban Barrón Robles y en la que participamos la Dra. Raquel Padilla Ramos, el Dr. Ignacio Almada Bay y, el autor de este escrito, Mtro. Ramón Santoyo Durán. En lo personal, creo que la intención del señor Moncada, más que hacer una verdadera crítica, es descalificar y ridiculizar con sus gracejadas a los presentadores; cierto es que don Carlos enfoca sus baterías sobre un servidor y el Ing. Barrón, pero a los otros compañeros también los afecta. Por mi parte, haré unas observaciones sobre los comentarios de Moncada Ochoa.

En primer lugar yo no me apellido Santoyo Ramos sino Santoyo Durán; es la Dra. Padilla la que tiene como segundo apellido Ramos; y, por si fuera poco, el primer apellido de Mauro es Barrón, entonces su nombre completo es Mauro Esteban Barrón Robles y no Mauro Robles como lo escribe el experimentado periodista Moncada. Además, don Carlos me asigna el grado de Doctor cuando tengo el de Maestro. Parece ser que el señor Moncada se confunde y si con estos detalles tan sencillos se equivoca pues qué confianza se le puede tener a sus comentarios.

En segundo lugar, Moncada pretende limitar mi participación a una larga “letanía” de enunciados, lo que burlonamente afirma, le hizo recordar el “rosario”; pero nada dice de los puntos medulares del análisis sobre la estructura y los recursos que utiliza el Ing. Barrón Robles en su investigación. La lista de temas es solamente el principio, pero Moncada Ochoa toma la parte por el todo, intenta, claro está, transmitir la impresión de que mi trabajo es sólo una especie de índice del libro presentado. En este punto don Carlos no se equivoca, al más viejo e inmoral estilo periodístico, miente.

En tercer lugar, el comunicador se refiere a mi observación sobre el estilo del autor, pero no concuerdo con lo que añade: “porque solamente se van agregando trozos sobre esto, párrafos sobre aquello, recortes acerca de tal o cual temas”… Yo no afirmé eso, es más, nunca lo dije. De nueva cuenta el señor Moncada, muestra su habilidad para tergiversar y lograr sus aviesos propósitos: desinformar.

En cuarto lugar, don Carlos Moncada se queja de que ninguno de los investigadores guaymenses que él nombra fue mencionado, “al menos por cortesía”, dice. Pero, una vez más, a Moncada Ochoa se le olvida que en el primer párrafo de mi análisis, donde consigno los datos generales del libro, menciono a Don Juan Ramírez Cisneros y, no por cortesía, sino por obligación. Mauro Esteban Barrón Robles, lo considera entre los que más lo apoyaron en su enorme trabajo de acontecimientos históricos y se lo agradece.

En quinto lugar, con respecto al contexto del Ing. Mauro Esteban Barrón sobre historia de Guaymas, solamente citaré las palabras con que don Juan Ramírez Cisneros, ex cronista de la ciudad, le responde a un persona, cuando ésta, considera a don Juan como:”… el cronista vitalicio y con más conocimiento del Guaymas de ayer…” Don Juan Ramírez Cisneros, con la sencillez que le caracteriza, dice: “Guaymense, una aclaración en aras de la justicia y la verdad: el mayor y mejor conocimiento sobre el viejo Guaymas pertenece al ingeniero Mauro Barrón Robles…por supuesto que agradezco con mucho gusto tus conceptos sobre mi persona…gracias…” (expresionguaymas.org, mayo 31 de 2011). Si don Juan, que tiene el respeto y credibilidad de todos los guaymenses, lo afirma, es porque considera a Mauro Esteban Barrón Robles un acucioso investigador en esta disciplina. Estas palabras se publican sólo siete días después de la presentación de MEMORIAS DE UN DIARIO ANÓNIMO Guaymas 1802-1919 que contiene una extraordinaria investigación que no necesita defensa, “se defiende sola”.

Es inconcebible, que el experimentado periodista don Carlos Moncada Ochoa, no se apegue a las características del texto informativo con el fin de desvirtuar lo que a él, por alguna causa, no le agradó. Cuando los comentarios o la crítica se llevan a cabo con objetividad, se fundamentan, se apegan a la verdad y con el debido respeto, lo único que queda es guardar silencio; esto lo sabe muy bien don Carlos, porque ante las observaciones que hace el Mtro. Miguel Castellanos Moreno acerca del libro sobre historia de la Universidad de Sonora (escrito por Moncada y auspiciado por las autoridades de la UNISON) en donde asoma su feo rostro la palabra plagio, don Carlos, que no se arredra ante nadie, se quedó completamente callado.

Dice un viejo refrán: “El que calla, otorga”.




MDT. RAMÓN SANTOYO DURÁN
Primavera de 2011
Hermosillo, Sonora

martes, 9 de noviembre de 2010

Hidalgo, de Puente de Calderón a la Hacienda de San Blas de Pabellón

Por: Miguel Castellanos Moreno

A medio camino entre Guadalajara y Tepatitlán de Morelos Jalisco se encuentra Puente de Calderón. Aquí se libró una batalla histórica entre el ejército Insurgente bajo el mando directo de Ignacio Allende y las tropas realistas dirigidas por el brigadier Félix María Calleja un 17 de enero de 1811. El resultado condicionó la libertad de los mexicanos hacia el futuro y costó miles de vidas de patriotas.



En la batalla de Puente de Calderón los insurgentes debieron haber tenido una vista parecida a ésta, nada más que poblada de soldados realistas.



Calleja dividió su ejército de 6,000 hombres en tres bloques, el frente izquierdo de los insurgentes fue atacado al mando del jefe realista Miguel José de Emparán, y defendida por una fuerza insurgente dirigida por Gómez Portugal, situada al otro lado del río y dotada de cañones. Por este lado del río, del lado insurgente, se ubico una fuerza comandada por Juan Aldama.



El flanco derecho de los insurgentes fue atacado por los realistas al mando de Flon, el Conde de La Cadena, logrando atravesar el río y topar con las fuerzas comandadas por Mariano Abasolo





Por el centro atacó la fuerza dirigida por el brigadier Calleja, quien se haría cargo de la reserva, pero terminó ubicándose en una saliente del cerro, desde donde tuvo un panorama más o menos claro del campo insurgente para luego cruzar el puente y atacar frontalmente a los ocupantes del cerro desde donde se tomó esta foto.



El cerro que era el principal objetivo de Calleja estaba al mando de José Antonio Torres (El Amo), contaba con 67 cañones los cuales sólo fueron útiles un rato, pues cuando la fuerza enemiga cruzó el río y comenzó a subir el cerro perdieron efectividad. El puente de concreto que aparece en la foto es reciente, obviamente.



La siguiente foto muestra el flanco izquierdo de los insurgentes, defendido por Juan Aldama, como lo debió haber visto Calleja.



El jefe del ejército insurgente que presentó batalla en Puente de Calderón era Ignacio Allende, quien escogió este lugar para efectuar el combate, acompañado de Abasolo. Atrás del cerro se ubica una barranca y al otro lado, en un llano, se situó Hidalgo con una fuerza de miles de indígenas y rancheros mal armados y 15 mil jinetes que no entraron en combate, pues sólo lo hicieron 8,000 hombres, sin embargo, Allende le endilgó la derrota.



El flanco derecho de las fuerzas insurgentes resistieron los embates del enemigo y lo pusieron en fuga, lo mimo pasó con las fuerzas de la izquierda, las cuales lograron rechazarlo hasta en tres ocasiones. Después de cinco horas y media de combate, el destino de la victoria parecía inclinarse del lado de los insurgentes, pero una fuerte acometida de las tres columnas realistas por el centro logró escalar el cerro; al tiempo que el humo de uno de los varios incendios habidos en el campo de batalla sopló sobre los patriotas, imposibiltándoles ver trepar al enemigo, para luego confundirse con ellos. Una granada impactó uno de los carros de municiones poniendo en fuga a los insurgentes, precipitando la derrota después de seis horas de combate, a eso de las diez y seis horas.



Hidalgo permaneció alrededor de tres horas, después de la derrota, en una altura cercana al lugar del combate, abandonando el teatro de guerra en una dirección que ha sido objeto de controversia. Personalmente me inclino a creer la versión relativa a que cruzó la enorme barranca cercana del Río Verde, situada al norte, y descansó una vez que traspasó ese obstáculo natural en algún sitio ubicado al norte de la barranca. Según el señor Mora, actual propietario de la casa en donde se afirma descansó en Cuquío, que aparece en la foto de abajo, de Puente de Calderón a Acatic son dos horas a caballo, cuando mucho. De Acatic a Cuquío, cruzando la barranca del Río Verde a caballo, son siete u ocho horas. Al norte del Río Verde rumbo a Cuquío se ubica el rancho de El Cuatro, por ese rumbo se encontraba un fresno en donde se dice descansó el Padre de la Patria en su desplazamiento hacia el norte. El árbol fue cortado, al parecer en tiempo reciente, por una persona que se acarreó serias dificultades con el gobierno por esa acción contraria a un testigo mudo de la historia.

Me inclino a pensar que si Hidalgo salió de algún lugar cercano a Puente de Calderón el 17 de enero a eso de las 19 horas, debe haber llegado a Cuquío nueve horas después, es decir, a las 4 o 5 de la madrugada del día 18 de enero de 1811, por lo que no habría dormido en la casa -de la foto que sigue a estas palabras- el día 17 como se afirma en una placa situada en la parte frontal de la misma. ¿Cuántas horas durmió en esa casa? ¿Dos, tres?



Esta placa da cuenta de ese hecho histórico, que pudo haber ocurrido ya casi para terminal el 17 de enero o unas horas después: en la madrugada del 18 de enero de 1811



Hidalgo habría dormido en esta habitación





Otras dudas más me asaltan: ¿A qué hora partió? ¿Qué ruta tomó? No parece haber estado mucho rato allí. El señor Mora dice que partió rumbo a Moyahua hacia el noroeste, dirección probable, pues en el nuevo San José de Gracia también cuentan un derrotero similar.



El mismo día 18 a una hora temprana se habría puesto en marcha rumbo al norte, habiendo llegado 48 horas después de abandonar el campo de batalla, -a las 20 horas del día 19 de enero- al pueblo de San José de Gracia, ubicado al norte, ligeramente inclinado al noroeste, de la ciudad de Aguascalientes. En este lugar habría permanecido cuatro días y cinco noches. Siendo atendido, según una versión, en la casa cural por el sacerdote Pedro Cervantes.





Según un mapa, que al final muestro, Hidalgo habría llegado a Calvillo el 19 de enero de 1811 por arriba de la actual carretera a Jalpa, y el mismo día habría arribado a San José de Gracia. De acuerdo a la tradicion oral de los padres y abuelos de Antonia Méndez, bibliotecaria de la Casa de la Cultura del nuevo pueblo de San José de Gracia, Hidalgo habría llegado por Calvillo, Milpillas, Gracias a Dios y la Barranca de Calderón, hasta San José de Gracia. Este sitio era en esos días un pueblo indígena y habría sido puesto en la ruta de Hidalgo -según datos ofrecidos por la Casa de la Cultura de este lugar- por un soldado llamado Simón de Lara, quien era originario de dicho pueblo y habría aconsejado al Padre de la Patria refugiarse allí. Sólo en vísperas de la reunión con los jefes insurgentes en la Hacienda de San Blas de Pabellón, Hidalgo abandonó su refugio, evidentemente no confiaba en la familia Iriarte, dueña de dicha hacienda. La misma Antonia Méndez platica la versión de que Hidalgo se habría alojado a las afueras del pueblo, con un tal Juan Domínguez, quien sería una especie de representante o persona principal del pueblo.



El pueblo de San José de Gracia desapareció bajo las aguas de la presa Plutarco Elías Calles en el siglo XX



El 24 de enero de 1811, a las cinco de la mañana, Hidalgo partió hacia la Hacienda San Blas de Pabellón, que en ese tiempo pertenecía a Bernardo Iriarte, y en donde permaneció del 24 al 26 de enero del mismo mes y año. Ignacio Allende llegó de Aguascalientes, "de donde llevaba al indisciplinable general Iriarte con sus mil quinientos hombres, en cuya fuerza se basó, ya de acuerdo con Arias, Arroyo y Casas, para amenazar de muerte a Hidalgo y despojarlo del mando." Nos cuenta Jesús Amaya en Hidalgo en Jalisco, página 215. En este lugar, que nos muestra las fotos, entre los días 24 y 25 de enero los complotados consumaron el despojo del mando a Hidalgo y se lo confirieron a Allende como Capitán General.






El 26 de enero la fuerza insurgente partio de la Hacienda de San Blas de Pabellón



Ese mismo día por la tarde pasó por Rincón de Romos y, por la noche, arribó a Natillas. El mapa muestra la ruta de los insurgentes llevando a Hidalgo prácticamente como prisionero. Allende siendo militar olvidó mantener una formación de ese tipo y los insurgentes fueron hechos prisioneros más adelante sin combatir, conduciendo a la muerte a Hidalgo. La hacienda donde Hidalgo fue despojado del mando hoy es un poblado y lleva el nombre de Pabellón de Hidalgo en su honor; a nadie se le ocurrió llamarle Pabellón de Allende. Unos días antes de la batalla de Puente de Calderón, estando en Guadalajara, Allende habría consultado con el gobernador de la mitra, José María Gómez y Villaseñor y con Francisco Severo Maldonado, la bondad de envenenar a Hidalgo. Esta medida criminal fue rechazada por sus dos interlocutores. Así actuaron algunos de los héroes que nos dieron patria...y algo de pena.

viernes, 26 de febrero de 2010

El revisionismo de derecha y la revolución mexicana

Por Miguel Castellanos Moreno


Si damos por válida la versión de la página de la Universidad de Sonora sobre una conferencia, titulada: "El Porfiriato: ¿paradigma o espejismo de un estado-nación moderno?" de la cual es autor Paul Garner de la Universidad de Leeds en Inglaterra, tenemos algunas cosas que decir. Dispongo nada más del breve relato aparecido en dicha página el 25 de febrero de 2010, en donde el conferencista habría afirmado que: “Satanizar el Porfiriato es un error histórico”. Sobre esto voy a formular mis comentarios.
No se trata de un error histórico satanizar el porfiriato, en todo caso sería un error historiográfico, pues al parecer se refiere al juicio posterior de numerosos historiadores que así han apreciado esa etapa de nuestra historia. Sugiere o afirma contundente el historiador que supongo vino de Inglaterra -no lo escuché- que el error radica en no reconocer “los avances que el Estado tuvo durante esta época” A mi modo de ver el juicio negativo es sobre la dictadura sangrienta de Porfirio Díaz un hecho bien documentado que no deja lugar a dudas. Puede ser que el Estado avanzara y adquiriera poder, pero ¿a quién beneficia un Estado despótico? seguramente a los mil grandes propietarios dueños de vida y haciendas; el problema es que el analfabetismo y el peonaje por deudas, la represión sangrienta de las protestas obreras y campesinas, los bajos jornales y las tiendas de raya entre otros muchos “avances” cometidos con la complacencia del Estado porfiriano, impidieron el avance de la sociedad, y esa es la raíz de los juicios tan desfavorables sobre esas tres décadas en cuestión. ¿Qué valen unas cuantas obras materiales ante tales desmanes?
Señala también el historiador invitado “que dicho periodo debe analizarse desde el contexto del siglo XIX y no desde la Revolución Mexicana.” La historia se hace desde nuestra época para resolver dudas y expectativas que nos preocupan ahora, pero, incluso, en el contexto del siglo XIX los crímenes ya se consideraban tales y existía un juicio desfavorable, de lo cual también existen muchas fuentes para documentar el rechazo a una dictadura apoyada en las armas.
Siempre siguiendo a la página de la Universidad de Sonora, el autor habría afirmado “que el gobierno de Porfirio Díaz fue un momento de creación y desarrollo de un proyecto liberal, así como de un estado moderno, que si bien tenía sus debilidades, hubo importantes avances.” Al autor le parece liberal y moderna una dictadura, cosa que no requiere mayor comentario. Desde luego, le parece que “este personaje cometió algunos errores que se agudizaron en los últimos cuatro años de su gestión,” y luego sermonea: “el Porfiriato no debe juzgarse ni satanizarse por lo acontecido en la recta final de dicho mandato.” Para afirmar tal cosa debiera documentarse, pues aquí en Sonora están documentados “los errores” de este personaje desde los años ochenta del siglo XIX, es decir, desde la primera etapa de su dictadura.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Hallan en México el sitio de cultura más antigua en América

Análisis de radiocarbono de los artefactos y huesos localizados sugieren que fueron dejados ahí hace casi 13 mil años. ESPECIAL
• El sitio localizado en Sonora, tiene la más amplia evidencia de la presencia de la Cultura Clovis
Los arqueólogos descubrieron vestigios de la caza y destazo de mastodontes y otros animales del Pleistoceno
CIUDAD DE MÉXICO.- Arqueólogos mexicanos y estadounidenses descubrieron un sitio que contiene la más amplia evidencia registrada en México de la presencia de la Cultura Clovis, la más antigua identificada hasta ahora en América.

El sitio, en el noroeste del estado mexicano de Sonora, extiende al norte de México el campo de acción de dicha cultura que vagó por Norteamérica hace unos 13 mil años.

El hallazgo fue hecho por un equipo de arqueólogos encabezado por Vance Holliday, de la Universidad de Arizona en Tucson; y por Guadalupe Sánchez Miranda, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México.

El descubrimiento fue expuesto en la reunión anual de la Sociedad Geológica de América, celebrada la semana pasada en Portland, Oregon, y difundidos por "Nature Journal" , un semanario especialización en ciencias.

En el sitio, fueron encontrados vestigios de la caza y destazo de mastodontes americanos y otros animales del periodo Pleistoceno, que comprende las últimas glaciaciones.

En el lugar, denominado por los arqueólogos "El Fin del Mundo" , ubicado a unos 230 kilómetros al noroeste de Hermosillo, se descubrieron vestigios de los animales, y muy cerca de ahí, un yacimiento de cristal de cuarzo que fue usado para hacer puntas de proyectil y otros artefactos.

Los arqueólogos encontraron instrumentos para raspar y cortar, entre otros artefactos de caza.

Destaca el hallazgo de una punta Clovis de sílex blanco. La punta de lanza de piedra Clovis tiene un grado de perfección y belleza no habitual en épocas prehistóricas.

Análisis de radiocarbono de los artefactos y huesos localizados sugieren que fueron dejados ahí hace casi 13 mil años y que el sitio estuvo alguna vez cerca de un arroyo.

Los arqueólogos, que encontraron el lugar en febrero de 2007, han realizado dos temporadas de investigación de campo y muchos de los estudios de contextos arqueológicos, paleontología y otros están aún en proceso.

De acuerdo con Sánchez Miranda, éste es el primer sitio de caza y destazamiento de mastodontes y otros animales del Pleistoceno que se descubre en México desde 1957.

Sitios de la Cultura Clovis han sido localizados a lo largo de Estados Unidos, con la mayor concentración de ellos al norte de la frontera mexicana, en la cuenca del Río San Pedro, en el sureste de Arizona.

Sin embargo, los arqueólogos conocen muy poco sobre las actividades de esta cultura en lo que ahora es México.

El nombre de esta cultura proviene de la localidad de Clovis, Nuevo México, comunidad próxima al lugar donde en 1929 fueron encontradas por primera vez las piezas que la caracterizan.

La teoría de que los Clovis fueron los primeros habitantes de América, había sido ampliamente aceptada por los arqueólogos hasta hace unos años.

No obstante, descubrimientos recientes como los de Monte Verde en Chile y otros en Argentina y Brasil están replanteado completamente dicha teoría.

Tomado de: El Informador. 28 de octubre de 2009. Cultura.

domingo, 6 de septiembre de 2009

El estudio de la historia

Arnaldo Córdova

La derecha, cuando es una fuerza dominante, hegemónica y, más todavía, gobernante, es, por necesidad, sinónimo de barbarie y de oscurantismo. Destruye todos los valores que sustentan las libertades de los individuos y es enemiga jurada de la igualación de los mismos en cuanto a oportunidades de mejoramiento, de preparación cultural y hasta de identidades que puedan ir más arriba de lo que ella es en su pequeñez y en su miseria espiritual. Es elitista por naturaleza, no obstante que ella no es modelo para nadie ni en nada. No soporta que aquellos que son diferentes de ella, por inteligencia, por el color de la piel o por la humildad de su origen la superen o aspiren siquiera a ello.
En 1937, José Vasconcelos publicó su Breve historia de México (Ed. Botas). En ella hace de la Conquista y la Colonia epopeyas del genio español. México antiguo, un informe e incoherente conjunto tribal sin ninguna identidad propia, fue convertido por Cortés en el principio de una nación. Los conquistadores no destruyeron nada que valiera la pena lamentar y, sí en cambio, nos dieron la civilización en la que hoy vivimos. En la Colonia, en particular, los españoles fueron constructores de ciudades y educadores de indios. Cuarenta mil españoles hicieron el milagro de hacer de seis millones de indígenas una nación. El maestro se horrorizaría si pudiera ver lo que nuestras autoridades educativas panistas hacen con la filosofía y con la historia.
Vasconcelos escribió su libro con el ánimo de reivindicar su visión derechista y conservadora y hacerla valer con las ideas. No debió tener dudas de la fuerza de sus argumentos. Para él fue una bendición que nuestros conquistadores fueran los españoles y no los anglosajones, y nos civilizaran con los más altos valores del Renacimiento y no con el espíritu pragmático, individualista y antisocial de la Reforma protestante, que era el credo de quienes más daño nos habían hecho a lo largo de la historia. Nuestros modelos intelectuales eran los grandes humanistas de la Conquista y la Colonia, los sabios misioneros que nos preservaron lo que sabemos del México antiguo, y luego Lucas Alamán y Carlos Pereyra; no Valentín Gómez Farías, que le enseñó a Juárez el credo protestante, liberal y carnicero de Poinsett y al cual, Juárez, seguimos venerando aun después de la Revolución.
Vasconcelos representa en 1937 a un pensamiento de derecha ilustrado y propositivo, aunque rencoroso. Hoy la derecha es incapaz de defender idea alguna, simplemente porque no tiene ideas. Castillo Peraza habló del PAN como el partido de la victoria cultural. Mi amigo (y tuve ocasión de decírselo) estaba soñando, porque llegaban al poder los bárbaros del norte y ya tenían en sus manos a su partido y él se quedó solo. Ninguna idea, ningún valor que reivindicar y defender con inteligencia, como lo hizo Vasconcelos. La historia, para los parámetros en los que se forman los estudiantes del Tec de Monterrey, el ITAM, el CIDE, la Libre de Derecho y las universidades privadas, no está para valores o ideas, menos para ideales. Sólo se trata de formar en los negocios y el poder, como ejecutivos o amanuenses.
De un gobierno derechista se podría esperar que defendiera la Conquista y la Colonia, pues en ellas se concretan todos los valores con los que lucha por conservar el orden establecido y hacerlo retroceder cuanto puede. Pero no. Esta derecha no sabe nada de historia. Fox y Calderón son emblemáticos. Para ellos, como lo dijera el primero, la historia, simplemente, vale madres. El pensamiento de derecha hoy, aunque cueste trabajo llamarle así, pensamiento (porque no piensa nada), consiste, como en el Tecnológico, en formar empresarios o ejecutivos. La cultura, si algo vale, que se la haga por su cuenta el que lo desee. En la escuela hay que enseñar matemáticas, administración y los elementos que lleven a ello.
Cuando pude leer el libro (en Internet) me asombró la prolijidad de datos sin sentido ni coherencia, los errores de todo tipo (algo que muchos notaron sin dificultad: que la isla de Java, perteneciente al archipiélago indomalayo y donde está la capital de Indonesia, país asiático, estaba en Oceanía). La contumacia en ignorar el mérito de las luchas sociales a través de las cuales se ha construido esta nación y hablar siempre en abstracto de un sujeto, el pueblo (o México), sin rostro y sin identidad. Las diferencias que han acabado por modelarnos se vuelven humo y lo que vemos es una mala película sobre un país que no es éste, sino una ensoñación de una derecha que no sabe lo que es cultura ni, mucho menos, algo llamado identidad nacional.
No tengo idea de cuál sea la formación académica del senador Carlos Navarrete (ojalá lo hiciera público porque, como muchos otros políticos, tiene la pinta de ser grillo de profesión desde la cuna), pero sea cual fuere, está claro que piensa como un derechista: Eso [de la historia] no me preocupa. Lo que quiero saber es si los alumnos están bien formados en matemáticas y saben español. No se cuánto sepa de matemáticas, aunque puedo saber hasta dónde llega su español; pero de historia me da la impresión de que no sabe ni con qué se come.
Las maromas y piruetas que las autoridades educativas han hecho para explicar que no se trata de una omisión sino que eso luego lo podrán ver los alumnos (resulta que ni en cuarto ni en sexto los escolapios podrán saber nada de esas etapas cruciales de la historia), sólo son pujidos y berridos de quien ha sido pillado en error y no sabe hacer otra cosa que muecas ridículas para justificar la falta y la estupidez en el trabajo de planeación educativa. Ver al yerno de la Gordillo, además, gruñir que no habrá marcha atrás, es sólo muestra de la prepotencia con la que la cacique magisterial hace y deshace con nuestra educación, deseando tal vez que nuestros alumnos sepan usar nuevos términos como epedinomológica o influencia A-HLNL.
Una derecha sin cultura, que ha hecho posible lo que Castillo Peraza jamás se imaginó, la victoria de la incultura, sólo sabe vivir en la barbarie y se solaza en eso. Para ella no somos otra cosa que el país de la naquez, sin pasado (glorioso o menos, de ello carece de noción), en el que sólo sus hijos blanquitos y orgullosamente criollos, como lo ha denunciado Ortiz Pinchetti, comanden y los demás se dediquen a vivir a su servicio. Las televisoras, siempre se ha visto, son las promotoras por antonomasia de esa derecha para la que la historia, si algo significa, sólo es lo que se puede apreciar en sus telenovelas. ¡Bonito país, éste en el que la derecha en el poder quiere convertirnos!
Tomado de La Jornada, 6 de septiembre de 2009. Opinión.

viernes, 17 de octubre de 2008

UNIVERSIDAD-HISTORIA OFICIAL


Miguel Castellanos Moreno


En Semana Santa recorrí una calle, ahora convertida en pasaje cultural, frente a la Basílica de Zapopan. En ese lugar se venden objetos antiguos, o que lo parecen, incluyendo objetos recientes y libros.
En el suelo, sobre una manta, había un tendido de libros viejos y recientes que eran ofertados a bajos precios. Interesado por la historia de las universidades públicas me llamó la atención uno titulado: La Universidad de Guadalajara, el cual adquirí en 40 pesos. Se trata de una historia oficial de esa Institución educativa. El libro fue publicado el 12 de octubre de 1975 en conmemoración del cincuenta aniversario de dicha universidad jalisciense; sus autores son un grupo de diez profesionales de la historia, la filosofía y la literatura; fueron apoyados por 25 estudiantes, algunos de los cuales han cobrado relevancia como investigadores y escritores en el tiempo que ha transcurrido desde entonces.


El libro va más atrás del medio siglo que conmemora, lo cual tiene que ver con los orígenes coloniales de la Universidad; la etapa anterior a 1925 es expuesta de manera crítica por los autores, pero el filo se mella cuando se trata de analizar los años posteriores; la razón es muy sencilla: algunos de los actores de la vida universitaria de los últimos cincuenta años aún estaban vivos y ostentaban rango social o poder político dentro y fuera de la Universidad; con estos señores, los autores del libro son sumamente condescendientes y obsequiosos.
Desde la óptica de los historiadores oficiales la Universidad de Guadalajara era en su momento: revolucionaria, de izquierda y socialista; sus autoridades eran abnegados luchadores sociales y sacrificados hombres de ideas; impulsores de una Institución profundamente comprometida con el pueblo mexicano y con su Revolución; en fin es la historia de talentosos hombres inmaculados, gracias a los cuales la Universidad pudo alcanzar sus altos fines; por ningún lado aparecen los profesores que uno supone siempre son un pilar fundamental de todo proceso académico, en cambio siempre son funcionarios los impulsores de los avances conmemorados. Esa profunda convicción patriota, revolucionaria y nacionalista de los prohombres universitarios, y de sus historiadores oficialistas, no les impedía justificar los peores excesos de los gobiernos de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez, a este personaje, incluso, le entregaron un doctorado por honor. Esas historias sólo las creen los que las mandan hacer.


Me llamó la atención que el libro tenía las hojas unidas, pues los pliegos en que fue impreso nunca fueron cortados. Eso indica que jamás fue leído. Entre las páginas encontré una carta que permaneció allí exactamente 30 años, pues tiene fecha del 9 de marzo de 1976. Está dirigida al Licenciado Teodoro Gutiérrez García, Diputado Estatal por el IX Distrito, y fue enviada por el Licenciado Guillermo Becerra Zavala, Director de Relaciones Públicas de la Universidad de Guadalajara. Este le dice al diputado que le envía el libro por encargo del “Sr. Rector”, quién le hace llegar “un afectuoso saludo”.


El diputado nunca abrió el libro que le regalaron y, por supuesto, menos lo leyó. Treinta años después lo vendió junto con un lote de libros que quizá también le fueron obsequiados. Ese es el destino de las historias oficiales hechas a la medida por alguna pluma alquilada.