miércoles 28 de octubre de 2009

Hallan en México el sitio de cultura más antigua en América

Análisis de radiocarbono de los artefactos y huesos localizados sugieren que fueron dejados ahí hace casi 13 mil años. ESPECIAL
• El sitio localizado en Sonora, tiene la más amplia evidencia de la presencia de la Cultura Clovis
Los arqueólogos descubrieron vestigios de la caza y destazo de mastodontes y otros animales del Pleistoceno
CIUDAD DE MÉXICO.- Arqueólogos mexicanos y estadounidenses descubrieron un sitio que contiene la más amplia evidencia registrada en México de la presencia de la Cultura Clovis, la más antigua identificada hasta ahora en América.

El sitio, en el noroeste del estado mexicano de Sonora, extiende al norte de México el campo de acción de dicha cultura que vagó por Norteamérica hace unos 13 mil años.

El hallazgo fue hecho por un equipo de arqueólogos encabezado por Vance Holliday, de la Universidad de Arizona en Tucson; y por Guadalupe Sánchez Miranda, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México.

El descubrimiento fue expuesto en la reunión anual de la Sociedad Geológica de América, celebrada la semana pasada en Portland, Oregon, y difundidos por "Nature Journal" , un semanario especialización en ciencias.

En el sitio, fueron encontrados vestigios de la caza y destazo de mastodontes americanos y otros animales del periodo Pleistoceno, que comprende las últimas glaciaciones.

En el lugar, denominado por los arqueólogos "El Fin del Mundo" , ubicado a unos 230 kilómetros al noroeste de Hermosillo, se descubrieron vestigios de los animales, y muy cerca de ahí, un yacimiento de cristal de cuarzo que fue usado para hacer puntas de proyectil y otros artefactos.

Los arqueólogos encontraron instrumentos para raspar y cortar, entre otros artefactos de caza.

Destaca el hallazgo de una punta Clovis de sílex blanco. La punta de lanza de piedra Clovis tiene un grado de perfección y belleza no habitual en épocas prehistóricas.

Análisis de radiocarbono de los artefactos y huesos localizados sugieren que fueron dejados ahí hace casi 13 mil años y que el sitio estuvo alguna vez cerca de un arroyo.

Los arqueólogos, que encontraron el lugar en febrero de 2007, han realizado dos temporadas de investigación de campo y muchos de los estudios de contextos arqueológicos, paleontología y otros están aún en proceso.

De acuerdo con Sánchez Miranda, éste es el primer sitio de caza y destazamiento de mastodontes y otros animales del Pleistoceno que se descubre en México desde 1957.

Sitios de la Cultura Clovis han sido localizados a lo largo de Estados Unidos, con la mayor concentración de ellos al norte de la frontera mexicana, en la cuenca del Río San Pedro, en el sureste de Arizona.

Sin embargo, los arqueólogos conocen muy poco sobre las actividades de esta cultura en lo que ahora es México.

El nombre de esta cultura proviene de la localidad de Clovis, Nuevo México, comunidad próxima al lugar donde en 1929 fueron encontradas por primera vez las piezas que la caracterizan.

La teoría de que los Clovis fueron los primeros habitantes de América, había sido ampliamente aceptada por los arqueólogos hasta hace unos años.

No obstante, descubrimientos recientes como los de Monte Verde en Chile y otros en Argentina y Brasil están replanteado completamente dicha teoría.

Tomado de: El Informador. 28 de octubre de 2009. Cultura.

domingo 6 de septiembre de 2009

El estudio de la historia

Arnaldo Córdova

La derecha, cuando es una fuerza dominante, hegemónica y, más todavía, gobernante, es, por necesidad, sinónimo de barbarie y de oscurantismo. Destruye todos los valores que sustentan las libertades de los individuos y es enemiga jurada de la igualación de los mismos en cuanto a oportunidades de mejoramiento, de preparación cultural y hasta de identidades que puedan ir más arriba de lo que ella es en su pequeñez y en su miseria espiritual. Es elitista por naturaleza, no obstante que ella no es modelo para nadie ni en nada. No soporta que aquellos que son diferentes de ella, por inteligencia, por el color de la piel o por la humildad de su origen la superen o aspiren siquiera a ello.
En 1937, José Vasconcelos publicó su Breve historia de México (Ed. Botas). En ella hace de la Conquista y la Colonia epopeyas del genio español. México antiguo, un informe e incoherente conjunto tribal sin ninguna identidad propia, fue convertido por Cortés en el principio de una nación. Los conquistadores no destruyeron nada que valiera la pena lamentar y, sí en cambio, nos dieron la civilización en la que hoy vivimos. En la Colonia, en particular, los españoles fueron constructores de ciudades y educadores de indios. Cuarenta mil españoles hicieron el milagro de hacer de seis millones de indígenas una nación. El maestro se horrorizaría si pudiera ver lo que nuestras autoridades educativas panistas hacen con la filosofía y con la historia.
Vasconcelos escribió su libro con el ánimo de reivindicar su visión derechista y conservadora y hacerla valer con las ideas. No debió tener dudas de la fuerza de sus argumentos. Para él fue una bendición que nuestros conquistadores fueran los españoles y no los anglosajones, y nos civilizaran con los más altos valores del Renacimiento y no con el espíritu pragmático, individualista y antisocial de la Reforma protestante, que era el credo de quienes más daño nos habían hecho a lo largo de la historia. Nuestros modelos intelectuales eran los grandes humanistas de la Conquista y la Colonia, los sabios misioneros que nos preservaron lo que sabemos del México antiguo, y luego Lucas Alamán y Carlos Pereyra; no Valentín Gómez Farías, que le enseñó a Juárez el credo protestante, liberal y carnicero de Poinsett y al cual, Juárez, seguimos venerando aun después de la Revolución.
Vasconcelos representa en 1937 a un pensamiento de derecha ilustrado y propositivo, aunque rencoroso. Hoy la derecha es incapaz de defender idea alguna, simplemente porque no tiene ideas. Castillo Peraza habló del PAN como el partido de la victoria cultural. Mi amigo (y tuve ocasión de decírselo) estaba soñando, porque llegaban al poder los bárbaros del norte y ya tenían en sus manos a su partido y él se quedó solo. Ninguna idea, ningún valor que reivindicar y defender con inteligencia, como lo hizo Vasconcelos. La historia, para los parámetros en los que se forman los estudiantes del Tec de Monterrey, el ITAM, el CIDE, la Libre de Derecho y las universidades privadas, no está para valores o ideas, menos para ideales. Sólo se trata de formar en los negocios y el poder, como ejecutivos o amanuenses.
De un gobierno derechista se podría esperar que defendiera la Conquista y la Colonia, pues en ellas se concretan todos los valores con los que lucha por conservar el orden establecido y hacerlo retroceder cuanto puede. Pero no. Esta derecha no sabe nada de historia. Fox y Calderón son emblemáticos. Para ellos, como lo dijera el primero, la historia, simplemente, vale madres. El pensamiento de derecha hoy, aunque cueste trabajo llamarle así, pensamiento (porque no piensa nada), consiste, como en el Tecnológico, en formar empresarios o ejecutivos. La cultura, si algo vale, que se la haga por su cuenta el que lo desee. En la escuela hay que enseñar matemáticas, administración y los elementos que lleven a ello.
Cuando pude leer el libro (en Internet) me asombró la prolijidad de datos sin sentido ni coherencia, los errores de todo tipo (algo que muchos notaron sin dificultad: que la isla de Java, perteneciente al archipiélago indomalayo y donde está la capital de Indonesia, país asiático, estaba en Oceanía). La contumacia en ignorar el mérito de las luchas sociales a través de las cuales se ha construido esta nación y hablar siempre en abstracto de un sujeto, el pueblo (o México), sin rostro y sin identidad. Las diferencias que han acabado por modelarnos se vuelven humo y lo que vemos es una mala película sobre un país que no es éste, sino una ensoñación de una derecha que no sabe lo que es cultura ni, mucho menos, algo llamado identidad nacional.
No tengo idea de cuál sea la formación académica del senador Carlos Navarrete (ojalá lo hiciera público porque, como muchos otros políticos, tiene la pinta de ser grillo de profesión desde la cuna), pero sea cual fuere, está claro que piensa como un derechista: Eso [de la historia] no me preocupa. Lo que quiero saber es si los alumnos están bien formados en matemáticas y saben español. No se cuánto sepa de matemáticas, aunque puedo saber hasta dónde llega su español; pero de historia me da la impresión de que no sabe ni con qué se come.
Las maromas y piruetas que las autoridades educativas han hecho para explicar que no se trata de una omisión sino que eso luego lo podrán ver los alumnos (resulta que ni en cuarto ni en sexto los escolapios podrán saber nada de esas etapas cruciales de la historia), sólo son pujidos y berridos de quien ha sido pillado en error y no sabe hacer otra cosa que muecas ridículas para justificar la falta y la estupidez en el trabajo de planeación educativa. Ver al yerno de la Gordillo, además, gruñir que no habrá marcha atrás, es sólo muestra de la prepotencia con la que la cacique magisterial hace y deshace con nuestra educación, deseando tal vez que nuestros alumnos sepan usar nuevos términos como epedinomológica o influencia A-HLNL.
Una derecha sin cultura, que ha hecho posible lo que Castillo Peraza jamás se imaginó, la victoria de la incultura, sólo sabe vivir en la barbarie y se solaza en eso. Para ella no somos otra cosa que el país de la naquez, sin pasado (glorioso o menos, de ello carece de noción), en el que sólo sus hijos blanquitos y orgullosamente criollos, como lo ha denunciado Ortiz Pinchetti, comanden y los demás se dediquen a vivir a su servicio. Las televisoras, siempre se ha visto, son las promotoras por antonomasia de esa derecha para la que la historia, si algo significa, sólo es lo que se puede apreciar en sus telenovelas. ¡Bonito país, éste en el que la derecha en el poder quiere convertirnos!
Tomado de La Jornada, 6 de septiembre de 2009. Opinión.

viernes 17 de octubre de 2008

UNIVERSIDAD-HISTORIA OFICIAL


Miguel Castellanos Moreno


En Semana Santa recorrí una calle, ahora convertida en pasaje cultural, frente a la Basílica de Zapopan. En ese lugar se venden objetos antiguos, o que lo parecen, incluyendo objetos recientes y libros.
En el suelo, sobre una manta, había un tendido de libros viejos y recientes que eran ofertados a bajos precios. Interesado por la historia de las universidades públicas me llamó la atención uno titulado: La Universidad de Guadalajara, el cual adquirí en 40 pesos. Se trata de una historia oficial de esa Institución educativa. El libro fue publicado el 12 de octubre de 1975 en conmemoración del cincuenta aniversario de dicha universidad jalisciense; sus autores son un grupo de diez profesionales de la historia, la filosofía y la literatura; fueron apoyados por 25 estudiantes, algunos de los cuales han cobrado relevancia como investigadores y escritores en el tiempo que ha transcurrido desde entonces.


El libro va más atrás del medio siglo que conmemora, lo cual tiene que ver con los orígenes coloniales de la Universidad; la etapa anterior a 1925 es expuesta de manera crítica por los autores, pero el filo se mella cuando se trata de analizar los años posteriores; la razón es muy sencilla: algunos de los actores de la vida universitaria de los últimos cincuenta años aún estaban vivos y ostentaban rango social o poder político dentro y fuera de la Universidad; con estos señores, los autores del libro son sumamente condescendientes y obsequiosos.
Desde la óptica de los historiadores oficiales la Universidad de Guadalajara era en su momento: revolucionaria, de izquierda y socialista; sus autoridades eran abnegados luchadores sociales y sacrificados hombres de ideas; impulsores de una Institución profundamente comprometida con el pueblo mexicano y con su Revolución; en fin es la historia de talentosos hombres inmaculados, gracias a los cuales la Universidad pudo alcanzar sus altos fines; por ningún lado aparecen los profesores que uno supone siempre son un pilar fundamental de todo proceso académico, en cambio siempre son funcionarios los impulsores de los avances conmemorados. Esa profunda convicción patriota, revolucionaria y nacionalista de los prohombres universitarios, y de sus historiadores oficialistas, no les impedía justificar los peores excesos de los gobiernos de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría Álvarez, a este personaje, incluso, le entregaron un doctorado por honor. Esas historias sólo las creen los que las mandan hacer.


Me llamó la atención que el libro tenía las hojas unidas, pues los pliegos en que fue impreso nunca fueron cortados. Eso indica que jamás fue leído. Entre las páginas encontré una carta que permaneció allí exactamente 30 años, pues tiene fecha del 9 de marzo de 1976. Está dirigida al Licenciado Teodoro Gutiérrez García, Diputado Estatal por el IX Distrito, y fue enviada por el Licenciado Guillermo Becerra Zavala, Director de Relaciones Públicas de la Universidad de Guadalajara. Este le dice al diputado que le envía el libro por encargo del “Sr. Rector”, quién le hace llegar “un afectuoso saludo”.


El diputado nunca abrió el libro que le regalaron y, por supuesto, menos lo leyó. Treinta años después lo vendió junto con un lote de libros que quizá también le fueron obsequiados. Ese es el destino de las historias oficiales hechas a la medida por alguna pluma alquilada.

¿CÓMO PROTEGEN LAS AUTORIDADES DE LA UNIVERSIDAD DE SONORA LAS OBRAS ORIGINALES DE SUS ACADÉMICOS?





Miguel Castellanos Moreno


Formulo los siguientes comentarios a una historia oficial elaborada por el periodista Carlos Moncada, la cual tiene como tema la Universidad de Sonora, institución que generosamente le imprimió mil ejemplares.


Si bien, en la introducción se refiere elogiosamente a mis trabajos publicados hace quince y catorce años --y a las obras de otros compañeros universitarios--, me cita solo una vez, aunque tomó del primero de ellos mucho más de lo que reconoce.
El período de su primer tomo es el mismo de mi primer libro: Historia de la Universidad de Sonora 1938-1953. Periodizar es una tarea que no se revela automáticamente al historiador; periodizar es una labor intelectual que exige destacar aquellos elementos que el historiador considera esenciales para delimitar un período en el tiempo; si bien, dichos elementos forman parte de lo acontecido, pueden no ser perceptibles para el historiador que es quién los abstrae y define los cortes en el tiempo. Escogí el año de 1938 como inicio de la historia de la Universidad, porque es un lapso de tiempo que contiene una serie de sucesos que le dan cierta homogeneidad y continuidad, lo cual se rompe en 1953. Esos cortes no tienen que ver con los años en que se promulgaron sus primeras leyes orgánicas. Moncada no se tuvo que preocupar de eso, simplemente toma esa periodización como válida, cosa que me halaga, pero me preocupa.
Los hechos históricos no se revelan mecánicamente al historiador, a menos que se practique un poco recomendable empirismo histórico; los hechos históricos se revelan en el proceso de construcción de conocimiento; hacer historia implica una labor de abstracción en la cual el historiador selecciona los elementos con que construye los hechos históricos que relata, en esa tarea se vuelven comprensibles acontecimientos físicos que parecían inconexos, los cuales puestos en una nueva relación constituyen al hecho histórico. Esto lo sabe cualquier estudiante que ha cursado Metodología de las Ciencias Sociales en el Departamento de Sociología y Administración Pública; ellos estudian los aspectos epistemológicos del conocimiento.


El resultado del proceso de transitar de lo abstracto a los hechos históricos concretos se refleja en categorías y enunciados que agrupan un conjunto de conceptos y juicios que cobran sentido solo en la relación en que son expuestos, en que unos datos son relacionados con otros datos. Estos constructos se presentan en apartados con títulos y subtítulos. La manera de conformarlos es la huella que el historiador deja en su trabajo. Moncada no tuvo que efectuar esa tarea intelectual, simplemente siguió los hechos históricos de mi trabajo y agregó otros comentarios o redujo contenidos sin darme crédito alguno.


Moncada sigue el procedimiento que, a quiénes somos historiadores, nos recomendaron nuestros maestros no efectuar nunca: seguir las fuentes y los apartados temáticos de un autor, reproducir los datos y elementos explicativos que éste encontró, y citar sus fuentes sin citarlo a él.


Las fuentes pueden ser extensas, laboriosas y también tediosas; exigen muchas horas de paciente búsqueda para encontrar los datos que den respuesta a las preguntas que nos hacemos y que permitan sustentar las conjeturas e hipótesis con que trabajamos. A veces puede bastar el testimonio de los personajes de nuestras historias para corroborar una conjetura, pero otras veces hace falta aportar elementos explicativos que comprueben nuestras hipótesis. Cuando un escritor camina atrás de los pasos de otro se evita esta tediosa pero nutritiva tarea. En estos casos uno puede sentir los pasos del que viene atrás, como cuando sentimos que alguien nos mira y volteamos y sí allí hay alguien.


En las llamadas ciencias de la naturaleza, como la biología, la física, la química y las matemáticas, se considera como investigación de frontera a las actividades científicas que buscan generar nuevo conocimiento.


Se justifica una publicación cuando los conocimientos encontrados son nuevos. La acción de reconsiderar un problema previamente comprendido tiene sentido únicamente si se aborda desde un ángulo diferente, que permita encontrar aspectos nuevos que no habían sido descubiertos. En este caso la publicación debe girar sobre las nuevas aportaciones. La pluralidad existe cuando se tiene un punto de vista distinto, no cuando se repite a otro.


La redacción de una investigación sigue también criterios rigurosos que deben permitir al lector la rápida distinción de lo que es nuevo conocimiento y constituye la aportación del autor. En Inglaterra se enseña que no tiene sentido escribir para publicar algo que ya ha sido descubierto. Esta máxima se sigue en todo el mundo.


Como todo conocimiento nuevo descansa sobre otro desarrollado previamente, es obligatorio citar las fuentes originales que han dado lugar al material anterior. Pero cuando un problema, o tema, ya ha sido explicado, los trabajos posteriores que utilicen sus resultados deberán citarlo directamente. El primero en el tiempo tiene la prioridad sobre la creación del conocimiento y no es válido que las nuevas publicaciones se dediquen a repetir el trabajo que alguien ha hecho antes, pues carece de originalidad. La repetición de contenidos se juzga innecesaria y es cotidiano exigir que eso se elimine y únicamente se cite a la fuente donde fue publicado originalmente.
El proceso de arbitraje de una publicación exige a veces que el autor revise y cite obras que han tocado el mismo tema. Esto sucede cuando el autor desconoce qué obras habían tratado antes ese mismo problema. Cuando esto ocurre, la obra nueva debe advertir dónde termina el conocimiento anterior y empieza la nueva aportación.
Cuando las aportaciones nuevas no son consideradas como suficientes, se dictamina así y se comunica al autor que su obra aún no amerita ser publicada.
Esta práctica, cotidiana en el mundo científico, no la observa la Universidad de Sonora en la publicación del libro que comento. ¿Porqué exigir menos rigor en historia que en biología, física, química o matemáticas? Otra pregunta más: ¿Cómo protegen las autoridades de la Universidad de Sonora las obras originales de sus académicos? La institución puede corregir su error o persistir en él, pensando que en el conocimiento, como en la política mexicana, todo se vale. En este caso es una imagen contraria a la Universidad que decimos ser. Si los profesores somos la base del desarrollo de la Universidad de Sonora, como oficialmente se dice, podrían empezar por respetar nuestro trabajo.

sábado 20 de septiembre de 2008

Historia de la Universidad de Sonora (1938-1953). Autor: Miguel Castellanos Moreno.

Historia de la Universidad de Sonora (1938-1953). Autor: Miguel Castellanos Moreno.
Primera reimpresión, julio de 2004, en los Talleres Gráficos
de la Universidad de Sonora.

Historia de la Universidad de Sonora (1938-1953). Autor: Miguel Castellanos Moreno.

Historia de la Universidad de Sonora (1938-1953). Autor: Miguel Castellanos Moreno.
Primera edición en el mes de febrero de 1991. En el libro: "La educación en México en mil libros" de Alfredo Mendoza Cornejo, editado por la Universidad de Guadalajara, se comenta de él lo siguiente: "Historia analítica que se aboca a la comprensión de la lucha entre diversas corrientes ideológicas y de poder por crear la Universidad y, posteriormente, por sentar su hegemonía, a fin de hacer de la institución una plataforma política, mediante el vínculo del quehacer universitario con la política partidista. Cuestión que hizo de su ley orgánica una norma sin sentido y comprometió la naturaleza de la casa de estudios con los proyectos particulares del grupo en el poder y de como los estudiantes y trabajadores se agruparon respectivamente para superar esa penosa etapa de la vida universitaria. En sus capítulos deja asentado el autor la influencia vasconcelista en la fundación de la institución, el papel de José Vasconcelos como organizador técnico, de sus enfrentamientos con el sector empresarial, la centralización del poder en la Mesa Directiva del Comité Administrativo, el papel de la rectoría y los cuerpos consultivos, la crisis universitaria de inicios de los cincuenta, la presencia de la federación de Estudiantes Sonorenses, la disputa del CAUS con el gobierno, la nueva ley de enseñanza y la contrarreforma."

Historia de la Universidad de Sonora (1953-1967). Autor: Miguel Castellanos Moreno


El período se encuadra en la época del "desarrollo estabilizador", que en la entidad generó la frase publicitaria "Sonora en Marcha", durante el gobierno de Álvaro Obregón. En ese contexto la Universidad respondió a la política desarrollista del regimen. Para ello fue dotada de medios materiales y legales, pero no hubo la misma generosidad en la asignación de sueldos a profesores, trabajadores y empleados universitarios, quienes vieron conculcados sus derechos. En esos años se crearon las Escuelas de Agricultura y Ganadería y de Derecho, en tanto que la de Ciencias Químicas fue reformada, y surge el primer centro de investigación. Los tres rectores de esta etapa eran políticos. El período comienza y termina enmedio de conflictos externos que impactan al interior.